Inmensidad
(Viene de la parte I)
Con traje de baño puesto y bronceador en la mano, el par
de amigos se dirigió a la alberca del hotel, mientras Antonio se disponía a
tomar el sol, Ariel quedó asombrada ante la inmensidad del mar al cual no veía
final, era mejor de lo que le habían contado; las gaviotas volando en el cielo
azul, el cantar de las olas, la brisa que rosaba su piel y el sol enmarcaron el
momento.
Las horas pasaron más rápido de lo esperado, Ariel vivía
en un mundo jamás imaginado, al unísono de que Antonio veía cada gesto de impresión
que en ella dibujada minuto a minuto.
La hora de estar en contacto directo con la playa
comenzó, Ariel se posó descalza sobre a la arena para llevar en los pies esa
sensación de caminar hacia el mar y sentir como el agua comienza a acariciar
sus pies poco a poco. Tanta inmensidad la hacían sentirse libre como las
gaviotas que volaban en el cielo, libre de cualquier recuerdo.
Sigue en La playa III

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